El presente estudio no pretende formular una tesis radicalmente nueva sobre la vida y las creencias de Nichiren. Mi propósito es, más bien, reunir ciertos materiales que puedan complementar la excelente obra de Anesaki y señalar, al menos de forma implícita, algunos aspectos desde los cuales podrían desarrollarse nuevos estudios fructíferos.
El más destacado japonólogo de nuestro siglo, el difunto sir George Sansom, consideró a Nichiren como «la figura más extraordinaria de la historia religiosa de su país», un hombre que ocupa sin duda «entre los doce grandes personajes de su historia». Creo que Sansom también habría reconocido que, en el estudio de Nichiren —figura única e irrepetible—, el maestro sobre cuyos hombros nos apoyamos sigue siendo Anesaki. Y es seguro que Anesaki se habría sentido complacido al ver el interés que su obra pionera ha despertado en otros.
