125 Mandalas Nichiren
Nichiren escribió muchas copias del Gran Mandala, de las cuales 125, o más copias se conservan intactas. Sin embargo, ninguna de ellas es idéntica. Esta variedad nos muestra el desarrollo de la doctrina y el pensamiento de Nichiren.
23 de abril de 2026
Gohonzon Nichiren (Último mandala escrito por Nichiren)
Gohonzon Nichiren N°125
Publicado por Rissho Ankokukai, 1947, 1999
Gohonzon Nichiren N°124
La Visión Reveladora de Nichiren: Fudo y Aizen como Pilares de su Misión Profética
El 25º día del sexto mes del año 1254, según los registros históricos y escritos de Nichiren, marca un hito crucial y profundamente significativo en la trayectoria espiritual y la misión profética de este influyente fundador del budismo Nichiren. Poco tiempo después de haber establecido formalmente su práctica en 1253, Nichiren experimentó lo que él mismo describió como una profunda visión espiritual o una visita trascendente de dos de las más poderosas y emblemáticas deidades del panteón esotérico budista: Aizen Myo-o (Ragaraja) y Fudo Myo-o (Achalanatha). Este evento extraordinario, meticulosamente documentado en el que se conoce como el Fudo Kankenki (Registro de la Visión de Fudo) o la "visita de Aizen", no solo fue registrado con una precisión y un detalle notables en sus anales, sino que también se erigió como una piedra angular fundamental para la comprensión de su identidad espiritual, la autoridad de su enseñanza y la naturaleza intrínseca de su misión como el devoto predestinado del Sutra del Loto en la era de Mappo.
En el epicentro de esta experiencia mística, Nichiren articuló una interpretación profunda y singular de las funciones de estas dos deidades. En sus escritos, identificó a Fudo Myo-o, el "Inmóvil" o "Inmutable", como el arquetipo de aquel que imparte y entrega la Ley Verdadera del budismo. Fudo, con su semblante fiero y su espada flamígera, simboliza la resolución inquebrantable y la capacidad de cortar las ilusiones y los obstáculos, guiando a los practicantes hacia la iluminación. Es la encarnación de la sabiduría que disipa la ignorancia y la determinación férrea necesaria para mantener el camino correcto.
Por otro lado, Aizen Myo-o, el "Rey de la Sabiduría que purifica las pasiones", fue interpretado por Nichiren como la personificación del deseo de sabiduría que posee la capacidad intrínseca de transformar las ilusiones mundanas (bonno) en iluminación (bodhi). Aizen, con su cuerpo rojo y sus múltiples brazos que sostienen diversos atributos, representa la inherente capacidad de las pasiones y los apegos humanos, cuando son correctamente dirigidos, para servir como combustible hacia el despertar espiritual. No se trata de suprimir el deseo, sino de transmutarlo, de canalizar su energía potente para el logro de la Budeidad.
El Fudo Kankenki es un documento de inmenso valor histórico y doctrinal, no solo por su testimonio directo de la experiencia de Nichiren, sino también por incluir los propios dibujos que él realizó de estos dos Reyes de la Sabiduría (Myo-o). Esta inclusión gráfica subraya la vivida y tangible naturaleza de su visión. La interpretación de este evento ha sido variada, pero una constante es su contextualización dentro de la propia identidad de Nichiren como un enviado divinamente ungido para propagar el Sutra del Loto en la era actual. Esta visión a menudo se percibe como una "transmisión" espiritual, una confirmación celestial de su misión y un empoderamiento para enfrentar las inmensas dificultades que encontraría en su camino.
La relevancia de Fudo y Aizen Myo-o en el esoterismo budista es indiscutible, donde son venerados como protectores y transformadores. Sin embargo, en el budismo Nichiren, su significado adquiere una especificidad y un propósito aún más nítidos. Son interpretados como las dos deidades tutelares por excelencia, cuya función primordial es servir y proteger al devoto del Sutra del Loto. Esta concepción refuerza la idea de que aquellos que abrazan y propagan la Ley Verdadera no están solos, sino que cuentan con la protección activa de fuerzas cósmicas que aseguran el avance del Dharma. La visión de 1254, por lo tanto, no fue meramente una experiencia personal, sino una revelación que cimentó la autoridad de Nichiren, consolidó su convicción y proveyó un marco teológico para la comprensión de la protección divina en su ardua y trascendental misión.
Guillermo Cabanelas
Gohonzon Nichiren N°123
𝑳𝑨 𝑬𝑽𝑶𝑳𝑼𝑪𝑰𝑶́𝑵 𝑫𝑬𝑳 𝑩𝑼𝑫𝑰𝑺𝑴𝑶: 𝑬𝑵𝑻𝑹𝑬 𝑻𝑹𝑨𝑫𝑰𝑪𝑰𝑶́𝑵 𝒀 𝑨𝑫𝑨𝑷𝑻𝑨𝑪𝑰𝑶́𝑵
En la concepción budista de la realidad última, el Buda histórico estableció con claridad el concepto de Nirvana como meta central a alcanzar. Si bien esta noción constituye el fundamento de la tradición, al considerar el budismo desde la perspectiva filosófica, sus conceptos han experimentado un proceso de evolución que ha enriquecido significativamente su acervo.
Este desarrollo ha implicado abordajes desde dimensiones místicas, psicológicas y filosóficas, mediante los cuales los conceptos se han adaptado, recreado y adquirido puntos de vista diversos. Este dinamismo le ha conferido una fuerza particular al budismo, configurándolo como un camino de vida considerado noble, un referente de sentido y una alternativa relevante para la humanidad.
No obstante, es posible identificar aspectos que podrían beneficiarse de una mayor refinación para facilitar su adaptación contemporánea. Algunos procesos de crecimiento doctrinal parecen haberse estancado, y la aparente ambigüedad o contradicción entre diferentes puntos de vista de las enseñanzas suele deberse a una mirada que carece de la objetividad necesaria para comprender la amplitud que el budismo ha adquirido con el paso del tiempo.
La esencia de la doctrina ya habita en muchas personas, aunque no siempre puedan darle forma explícita. Esta se mueve en un terreno que equilibra la necesidad de universalismo con la resistencia a la adaptación a instituciones y estructuras dogmáticas, las cuales tienden a alejar a los buscadores de su núcleo fundamental: la búsqueda de la verdad, el encuentro de sentido y la reconciliación entre lo lógico y lo emocional. Cuando se proclama una verdad por sobre otras dentro de las corrientes budistas, se generan ostilidades y confrontaciones ciegas que, a la larga, envenenan y ciegan, creando importantes obstáculos en el camino del practicante.
Por ello, el verdadero sendero debe trascenderse a sí mismo de manera constante y dinámica. Esta capacidad de auto-transformación no es un fin puntual, sino la expresión misma de la sabiduría budista: reconocer que la realidad, al igual que las enseñanzas que buscan explicarla, se despliega en un flujo perpetuo, donde la única constante es el esfuerzo por encontrar la armonía entre lo que es y lo que puede ser.
Guillermo Cabanelas
16 de enero de 2026
Gohonzon Nichiren N°122
EL MANDALA COMO INDICADOR:
Distinción Ontológica entre Signo y Transcendencia en la Búsqueda Espiritual
El pasaje propuesto articula una reflexión que, desde una perspectiva hermenéutica y fenomenológica, problematiza la relación entre el signo y la realidad trascendente a la que se refiere, recurriendo a la metáfora canónica del "dedo que señala la luna" —topos que transita por tradiciones espirituales como el budismo zen, el hinduismo y la filosofía esotérica occidental— para desarticular la confusión entre medio y fin en el itinerario de la búsqueda personal. El mandala, en tanto constructo simbólico y estructurado, funciona aquí como un significante que dirige la atención hacia un significado no reducible a sí mismo: no es el astro celeste en cuestión, sino el instrumento que posiciona al sujeto en la mirada hacia lo que excede la manifestación sensible.
Esta distinción —que atañe a la ontología del signo y lo significado— es crucial para comprender la naturaleza del misterio que subyace a toda tradición religiosa: lo trascendente, lo original, lo auténtico y verdadero no reside en la forma simbólica ni en el dogma colectivo, sino en lo más recóndito del ser del buscador —un espacio de acogida donde la luna (la realidad última) se revela en su irredutible singularidad. Aquí se configura una encrucijada existencial: el sujeto se encuentra entre el dedo indicador (el mandala, el dogma, el marco de confort institucionalizado) y la luna misma (la experiencia personal, la realidad trascendente, la búsqueda autónoma). Esta tensión no es meramente epistémica, sino ética: implica la elección entre adherirse a construcciones colectivas que pueden operar como barreras ideológicas, o emprender un camino de autoconocimiento que conduzca al "hogar interior" —un concepto que evoca la fenomenología del ser propio en tradiciones como el sufismo o la filosofía existencial de Martin Buber, donde el encuentro con lo trascendente se da en la intimidad del yo en relación consigo mismo.
En este sentido, el texto propone una crítica a la reificación del dogma y de la simbología: ningún constructo colectivo puede sustituir la experiencia personal del trascendente, ya que lo auténtico y verdadero es irreproducible y se revela solo en el ámbito de la singularidad existencial. El mandala, por lo tanto, cumple una función catártica y orientadora, pero su valor radica en su capacidad para hacerse desaparecer a sí mismo en la medida en que el sujeto accede a la realidad a la que señala —un movimiento que recuerda el concepto de apophasis en teología negativa, donde la palabra y el signo se vuelven insuficientes y deben ser superados para acceder a lo inefable.
Ver referenci de este Mandala en Saikakudoppo's blog
Published by Rissho Ankokukai. 1947, 1999.
Gohonzon Nichiren N°121
Published by Rissho Ankokukai. 1947, 1999.
Gohonzon Nichiren N°120
Published by Rissho Ankokukai. 1947, 1999.
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