1 de julio de 2026

Mandala Nyōnin Jōbutsu no Honzon (女人成仏本尊). "Objeto de Devoción para la Iluminación de las Mujeres"

El Nyōnin Jōbutsu no Honzon (女人成仏本尊) es un importante mandala caligráfico (Honzon) escrito de puño y letra por Nichiren Shonin, el fundador del budismo Nichiren, entre los años 1271 y 1274. Su nombre se traduce literalmente como el "Objeto de Devoción para la Iluminación de las Mujeres".

Durante su exilio en la isla de Sado, Nichiren enfrentó duras condiciones, pero también consolidó estrechos lazos con discípulos locales. El mandala fue confeccionado y otorgado específicamente a Sennichi-gama (千日尼, la monja Sennichi), una devota que, junto a su esposo Abutsu-bo, arriesgó su vida para proveer alimento y refugio a Nichiren. Al momento de partir de Sado para dirigirse a Kamakura, él le entregó este pergamino como reconocimiento a su inquebrantable fe. Actualmente, este tesoro histórico y religioso se preserva en el templo Myōsen-ji (妙宣寺) en la ciudad de Sado, prefectura de Niigata.

Es un rollo colgante de gran formato, que mide aproximadamente 157 centímetros de alto por 103 centímetros de ancho, trazado en tinta china sobre papel (shihon bokusho).

Debido a su imponente tamaño, los historiadores deducen que fue diseñado específicamente para ser exhibido en el altar principal de un templo o salón budista con techos altos.

El concepto de Nyōnin Jōbutsu (女人成仏 — el logro de la Budeidad por parte de las mujeres) posee un peso revolucionario en el budismo Nichiren. Las enseñanzas provisionales y las escuelas tradicionales de la época premoderna en Japón solían afirmar que las mujeres poseían profundos impedimentos kármicos (las llamadas "cinco obstrucciones") y que debían renacer primero como hombres para poder iluminarse. 

Nichiren desafió radicalmente esta postura basándose en el Sutra del Loto (especialmente en el capítulo Devadatta, que narra la iluminación instantánea de la hija del Rey Dragón). Con este Honzon, Nichiren plasmó gráficamente la promesa central de que las mujeres pueden manifestar el estado de Buda de manera directa e inmediata, en su forma presente y con su cuerpo actual (sokushin jōbutsu)


Takashi Nakao y Hidetomo Terao (supervisores), "Guía ilustrada de Nichiren Shonin y los tesoros del Sutra del Loto".

30 de junio de 2026

Texto para leer en Linea(o bajar en PDF) EL SUTRA DEL LOTO COMO NÚCLEO DEL BUDISMO JAPONÉS

Mandala Shutei del Templo Myōhon‑ji

El Mandala Shutei

Conservado en el Templo Myōhon‑ji, Kamakura – Japón

El Mandala Shutei —o Shutei Gohonzon, expresión que significa «Mandala para la enseñanza y transmisión»— es uno de los objetos más venerados de la tradición Nichiren Shū. Fue redactado por Nichiren Daishonin en marzo del año 1280 y entregado a su discípulo cercano Nichiro, quien luego fue el primer abad del templo Myōhon‑ji, lugar donde se conserva hasta la actualidad.

Sus medida son Alto: 112,7 cm de alto por  57,6 cm ancho

Aunque no fue el último que redactó, es el que lo acompañó en su lecho de muerte, permaneciendo a su lado el 13 de octubre de 1282, fecha de su fallecimiento. También se le conoce popularmente como el «Mandala de la Serpiente».

 ¿Por qué el nombre de Mandala de la Serpiente?

El nombre proviene de la historia ligada al propio templo. Cuenta la tradición que Wakasa no Tsubone, madre del joven heredero Ichiman, perdió a su hijo asesinado durante un conflicto político. Sumida por el dolor, se arrojó al pozo que aún existe dentro del recinto. Se dice que su espíritu afligido tomó forma de serpiente; para darle reposo se construyó allí una sala especial llamada Jakushi‑dō, y con el tiempo esta leyenda quedó asociada al mandala.


Takashi Nakao y Hidetomo Terao (eds.), "Guía ilustrada de Nichiren Shonin y los tesoros del Sutra del Loto", Dohosha Media Plan (2012).
"Catálogo de la 'Exposición Dainichiren'", Museo Nacional de Tokio (2003)


23 de abril de 2026

Gohonzon Nichiren (Último mandala escrito por Nichiren)


 El Mandala de Nichiren: Última Inscripción y el Laberinto de la Erudición Académica
 
El Mandala de Nichiren, una representación gráfica del universo tal como lo concibe el budismo Nichiren, es una de las creaciones más distintivas y veneradas de su fundador. Sin embargo, en el vasto corpus de estos mandalas, existe uno en particular que ocupa un lugar especial y que ha sido objeto de intenso debate académico y doctrinal: aquel que, por tradición, se considera la última inscripción de Nichiren. Publicado por entidades como Rissho Ankokukai en 1947 y nuevamente en 1999, este Mandala en particular es ampliamente aceptado, si bien la certeza absoluta de su estatus como la última obra caligráfica del Maestro sigue siendo un punto de contención entre los estudiosos.
 
La cuestión de si un Mandala específico es verdaderamente la "última" inscripción de Nichiren es, por su propia naturaleza, un desafío para la verificación histórica. Los documentos de la época a menudo carecen de la datación precisa y la contextualización exhaustiva que la erudición moderna desearía. Además, la práctica de Nichiren de inscribir Mandalas era continua, y la distinción entre las obras finales y las producidas en sus últimos años es, comprensiblemente, difusa. Esto ha generado dos posturas principales en el ámbito académico:
 
Por un lado, existen académicos que, basándose en criterios paleográficos, el estilo caligráfico, el contenido específico de las deidades y los caracteres inscritos, y la tradición oral o textual de ciertas líneas de discipulado, defienden la autenticidad de este Mandala como la postrera obra de Nichiren. Argumentan que la madurez de la ejecución, la disposición particular de los caracteres y la convergencia de testimonios históricos, aunque fragmentarios, apuntan hacia su producción en los momentos finales de su vida. Para estos, el Mandala no solo sería una expresión culminante de su enseñanza, sino también un testamento final de su visión cósmica.
 
Por otro lado, un grupo de académicos mantiene una postura más cautelosa, señalando las dificultades inherentes a la datación precisa de documentos antiguos, especialmente en ausencia de sellos, fechas explícitas o referencias unívocas a su finalización. Subrayan que la afirmación de "última" inscripción puede ser más una construcción devocional o una atribución posterior para conferir un estatus elevado al Mandala, en lugar de un hecho históricamente verificable. Para ellos, es más prudente hablar de "uno de los últimos" o "una inscripción de su período final", sin caer en la certeza que la evidencia no puede respaldar por completo. Las "disputas dogmáticas" y los "temas académicos aún sin resolver" de los que se hace eco la tradición, son precisamente el terreno fértil donde estas posiciones se confrontan, a menudo sin llegar a un consenso definitivo.
 
Sin embargo, más allá de la estricta verificación histórica sobre si fue el último en un sentido cronológico absoluto, lo que es innegable es el profundo significado de este Mandala para la comunidad budista Nichiren. Su publicación y veneración por parte de instituciones como Rissho Ankokukai reafirman su importancia como un objeto de devoción y un punto focal para la práctica. La discusión académica, si bien crucial para la comprensión histórica, no disminuye el poder espiritual y la relevancia doctrinal que el Mandala posee para millones de practicantes.
 
El Mandala, en su esencia, es un Gohonzon, un objeto de devoción que representa la iluminación de Nichiren y el universo mismo encarnado en los caracteres del Sutra del Loto, particularmente el Nam/u Myoho Renge Kyo. Cada deidad, cada carácter, cada disposición en el Mandala es una manifestación de la Budeidad inherente en todas las cosas y la interconexión de todos los fenómenos. La controversia sobre si una inscripción específica es "la última" se convierte, en este contexto, en un matiz dentro de la inmensidad de su significado. Lo que permanece inalterable es su función como un medio a través del cual los practicantes pueden percibir su propia Budeidad y la unidad del yo con el universo.
 
En conclusión, el Mandala de Nichiren considerado su "última inscripción" es un fascinante cruce entre la historia, la teología y la práctica espiritual. La academia continuará debatiendo sobre su estatus cronológico exacto, un debate que, aunque enriquecedor, a menudo opera en un plano distinto al de la fe. Para los creyentes, este Mandala representa una síntesis sublime de la enseñanza de Nichiren, un testimonio imperecedero de su profunda visión y un portal hacia la iluminación, independientemente de su posición final en la línea de tiempo de sus inscripciones. Las disputas dogmáticas y los temas académicos sin resolver solo sirven para resaltar la riqueza y complejidad de la herencia que Nichiren dejó.

Gohonzon Nichiren N°125

La deidad de la derecha es Fudo Myo'o (sánscrito: Arcalanatha). Nichiren está registrando su visita de Aizen y Fudo. Fechado el día 25 del sexto mes del sexto año de Kencho (1254). Recientemente autenticado y añadido al Gohonzonshu en la edición de 1999. Emparejado con el n.° 124 .

El sutra pronunciado por el Buda sobre Arya-Acalanatha
Bussetsu Shou Fudou Kyou
Un texto apócrifo utilizado en Tendai Shugendo

En aquel momento, en la Gran Asamblea, había un Vidyaraja. Este Gran Vidyaraja poseía una gran fuerza majestuosa. Poseía la virtud de la gran compasión, por lo que aparecía en un cuerpo azul negruzco. Poseía la virtud de la gran quietud meditativa, por lo que se sentaba sobre una roca vajra. Poseía una gran sabiduría, por lo que manifestaba grandes llamas. Empuñaba la espada de la gran sabiduría para destruir la codicia, la ira y la ignorancia. Sostenía la cuerda del samadhi para atar a aquellos que son difíciles de domar. Él era el Dharmakaya sin marcas, idéntico al espacio mismo, por lo que no tenía morada. Su única morada estaba en las mentes y pensamientos de los seres vivos. Las mentes e inclinaciones de todos los seres son diferentes. De acuerdo con las mentes de los seres vivos, se otorga el beneficio y se alcanza lo que se busca. En aquel momento, todos en aquella gran asamblea escucharon esta enseñanza y se llenaron de alegría. Recibiéndola fielmente, la pusieron en práctica con reverencia.

 Publicado por Rissho Ankokukai, 1947, 1999

Gohonzon Nichiren N°124

 Autenticado y añadido al Gohonzonshu en la edición de 1999. Emparejado con el n.º 125

 La Visión Reveladora de Nichiren: Fudo y Aizen como Pilares de su Misión Profética

El 25º día del sexto mes del año 1254, según los registros históricos y escritos de Nichiren, marca un hito crucial y profundamente significativo en la trayectoria espiritual y la misión profética de este influyente fundador del budismo Nichiren. Poco tiempo después de haber establecido formalmente su práctica en 1253, Nichiren experimentó lo que él mismo describió como una profunda visión espiritual o una visita trascendente de dos de las más poderosas y emblemáticas deidades del panteón esotérico budista: Aizen Myo-o (Ragaraja) y Fudo Myo-o (Achalanatha). Este evento extraordinario, meticulosamente documentado en el que se conoce como el Fudo Kankenki (Registro de la Visión de Fudo) o la "visita de Aizen", no solo fue registrado con una precisión y un detalle notables en sus anales, sino que también se erigió como una piedra angular fundamental para la comprensión de su identidad espiritual, la autoridad de su enseñanza y la naturaleza intrínseca de su misión como el devoto predestinado del Sutra del Loto en la era de Mappo.

En el epicentro de esta experiencia mística, Nichiren articuló una interpretación profunda y singular de las funciones de estas dos deidades. En sus escritos, identificó a Fudo Myo-o, el "Inmóvil" o "Inmutable", como el arquetipo de aquel que imparte y entrega la Ley Verdadera del budismo. Fudo, con su semblante fiero y su espada flamígera, simboliza la resolución inquebrantable y la capacidad de cortar las ilusiones y los obstáculos, guiando a los practicantes hacia la iluminación. Es la encarnación de la sabiduría que disipa la ignorancia y la determinación férrea necesaria para mantener el camino correcto.

Por otro lado, Aizen Myo-o, el "Rey de la Sabiduría que purifica las pasiones", fue interpretado por Nichiren como la personificación del deseo de sabiduría que posee la capacidad intrínseca de transformar las ilusiones mundanas (bonno) en iluminación (bodhi). Aizen, con su cuerpo rojo y sus múltiples brazos que sostienen diversos atributos, representa la inherente capacidad de las pasiones y los apegos humanos, cuando son correctamente dirigidos, para servir como combustible hacia el despertar espiritual. No se trata de suprimir el deseo, sino de transmutarlo, de canalizar su energía potente para el logro de la Budeidad.

El Fudo Kankenki es un documento de inmenso valor histórico y doctrinal, no solo por su testimonio directo de la experiencia de Nichiren, sino también por incluir los propios dibujos que él realizó de estos dos Reyes de la Sabiduría (Myo-o). Esta inclusión gráfica subraya la vivida y tangible naturaleza de su visión. La interpretación de este evento ha sido variada, pero una constante es su contextualización dentro de la propia identidad de Nichiren como un enviado divinamente ungido para propagar el Sutra del Loto en la era actual. Esta visión a menudo se percibe como una "transmisión" espiritual, una confirmación celestial de su misión y un empoderamiento para enfrentar las inmensas dificultades que encontraría en su camino.

La relevancia de Fudo y Aizen Myo-o en el esoterismo budista es indiscutible, donde son venerados como protectores y transformadores. Sin embargo, en el budismo Nichiren, su significado adquiere una especificidad y un propósito aún más nítidos. Son interpretados como las dos deidades tutelares por excelencia, cuya función primordial es servir y proteger al devoto del Sutra del Loto. Esta concepción refuerza la idea de que aquellos que abrazan y propagan la Ley Verdadera no están solos, sino que cuentan con la protección activa de fuerzas cósmicas que aseguran el avance del Dharma. La visión de 1254, por lo tanto, no fue meramente una experiencia personal, sino una revelación que cimentó la autoridad de Nichiren, consolidó su convicción y proveyó un marco teológico para la comprensión de la protección divina en su ardua y trascendental misión.

Guillermo Cabanelas

 

 

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