La estructura compleja y el desarrollo dinámico del pensamiento de Nichiren, posee dos polos opuestos de su personalidad que encontramos en las figuras de Jōfukyō (bodisatva "Jamas Despreciar") y Jōgyō (bodisatva Practicas Superiores) una justificación y una grandeza sin precedentes.
- El bodisatva Jōfukyō lo sostuvo en la perseverancia heroica y la firmeza de sus convicciones. Pero esta imagen no solo representa virtudes: también encarna el enfrentamiento, el sufrimiento y la persecución que marcaron sus relaciones con el mundo. Llevada al extremo, alimentó la sensación de ser víctima y contribuyó a que la persecución fuera real.
- El bodisatva Jōgyō expresa su faceta más compasiva, su relación con los discípulos y su retiro voluntario. Es la imagen que crece cuando se aleja del conflicto social. Le da forma a su compasión y nutre su vida interior y creativa. Sus visiones más sublimes y místicas nacen de esta identificación. Pero también aquí se refleja su exaltación personal y su dificultad para superar la necesidad de verse a sí mismo como protagonista central.
La identificación con estas dos figuras dio dirección y fuerza a su vida. Fueron fundamentales para que él mismo comprendiera su propia historia y aparecen una y otra vez en su obra. Sin embargo, su apego a estas imágenes, si bien lo impulsó, también lo hizo rígido y obstinado. Al menos en el caso de Jōfukyō, esto concuerda con el carácter propio de la figura. Y precisamente esa inflexibilidad puede ser una de las razones por las que su mensaje ha perdurado con fuerza hasta hoy. En cualquier caso, la existencia de estas dos figuras en el Sutra del Loto y la tensión entre ambas pueden explicar por qué Nichiren se convirtió en tan decidido defensor de su enseñanza. Lamentablemente, conocemos aún poco de sus primeros años.






