Como hemos visto, Nichiren sostenía que las palabras escritas
del Sutra del Loto son la voz pura del Buda convertida en forma visible, y que cada uno de sus caracteres es un Buda verdadero. Esta postura se basaba en la lógica de la no dualidad de forma y mente, y arraigaba profundamente en la convicción de que el Sutra del Loto es la enseñanza suprema y definitiva del Buda.
Al mismo tiempo, esta actitud de fe absoluta en las palabras del Sutra del Loto hereda y desarrolla la tradición del Tiantai: la comprensión según la cual las palabras escritas contienen la esencia vital del cuerpo del dharma, y que no existe liberación al margen del lenguaje. Pero mientras que para Zhiyi y Zhanran esta verdad funcionaba como base para la práctica, Nichiren llevó esta enseñanza hasta su conclusión más profunda: identificar directamente cada carácter del texto con el Buda viviente, presente aquí y ahora.
Esta visión tiene una importancia inmensa, ya que significa que no necesitamos buscar el Buda en un lugar lejano o trascendente: el Buda está presente, real y completo, en cada palabra, en cada frase, en cada carácter del Sutra del Loto que leemos, recitamos y honramos.
