16 de enero de 2026

Gohonzon Nichiren N°122

 EL MANDALA COMO INDICADOR:

Distinción Ontológica entre Signo y Transcendencia en la Búsqueda Espiritual

El pasaje propuesto articula una reflexión que, desde una perspectiva hermenéutica y fenomenológica, problematiza la relación entre el signo y la realidad trascendente a la que se refiere, recurriendo a la metáfora canónica del "dedo que señala la luna" —topos que transita por tradiciones espirituales como el budismo zen, el hinduismo y la filosofía esotérica occidental— para desarticular la confusión entre medio y fin en el itinerario de la búsqueda personal. El mandala, en tanto constructo simbólico y estructurado, funciona aquí como un significante que dirige la atención hacia un significado no reducible a sí mismo: no es el astro celeste en cuestión, sino el instrumento que posiciona al sujeto en la mirada hacia lo que excede la manifestación sensible.

Esta distinción —que atañe a la ontología del signo y lo significado— es crucial para comprender la naturaleza del misterio que subyace a toda tradición religiosa: lo trascendente, lo original, lo auténtico y verdadero no reside en la forma simbólica ni en el dogma colectivo, sino en lo más recóndito del ser del buscador —un espacio de acogida donde la luna (la realidad última) se revela en su irredutible singularidad. Aquí se configura una encrucijada existencial: el sujeto se encuentra entre el dedo indicador (el mandala, el dogma, el marco de confort institucionalizado) y la luna misma (la experiencia personal, la realidad trascendente, la búsqueda autónoma). Esta tensión no es meramente epistémica, sino ética: implica la elección entre adherirse a construcciones colectivas que pueden operar como barreras ideológicas, o emprender un camino de autoconocimiento que conduzca al "hogar interior" —un concepto que evoca la fenomenología del ser propio en tradiciones como el sufismo o la filosofía existencial de Martin Buber, donde el encuentro con lo trascendente se da en la intimidad del yo en relación consigo mismo.

En este sentido, el texto propone una crítica a la reificación del dogma y de la simbología: ningún constructo colectivo puede sustituir la experiencia personal del trascendente, ya que lo auténtico y verdadero es irreproducible y se revela solo en el ámbito de la singularidad existencial. El mandala, por lo tanto, cumple una función catártica y orientadora, pero su valor radica en su capacidad para hacerse desaparecer a sí mismo en la medida en que el sujeto accede a la realidad a la que señala —un movimiento que recuerda el concepto de apophasis en teología negativa, donde la palabra y el signo se vuelven insuficientes y deben ser superados para acceder a lo inefable.


Ver referenci de este Mandala en Saikakudoppo's blog

Published by Rissho Ankokukai. 1947, 1999.

Gohonzon Nichiren N°121


DIFERENCIAS SUSTANCIALES ENTRE LOS OBJETOS DE VENERACIÓN DE LA ESCUELA FUYI Y LA ESCUELA DE MINOBU

La tradición budista Nichiren, fundada por el maestro japonés Nichiren Daishonin en el siglo XIII, se ha diversificado en diversas escuelas a lo largo de su historia, cada una con matices doctrinarios que configuran su identidad. Entre estas corrientes, se pueden distinguir dos tendencias que se diferencian de manera sustancial en cuanto a sus objetos de veneración: por un lado, escuelas de orientación más ortodoxa como la del Linaje de Nikkō Shōnin, o escuela Fuyi y por otro, corrientes de enfoque más amplio y abierto como las escuelas de Minobu. Estas diferencias no son meramente rituales, sino que responden a concepciones divergentes sobre la naturaleza doctrinal  del Dharma en la Era de la Decadencia del Dharma (Mappō), así como sobre la manifestación de la realidad última.
El objeto de veneración en el Linaje de Nikkō: el Gran Mandala o Gohonzon caligráfico
La escuela afiliada al Linaje de Nikkō reconoce exclusivamente al Gran Mandala (también denominado Gohonzon) como el objeto de veneración establecido por el maestro Nichiren para el período de Mappō. Este mandala no es una representación icónica figurativa y fija, sino una composición caligráfica en la que se inscriben caracteres japoneses y chinos que simbolizan a los budas, bodhisattvas, seres celestiales y otras entidades del cosmos budista.
Según la doctrina de esta corriente, el núcleo esencial del Gohonzon es el Odaimoku —la fórmula Namu Myōhō Renge Kyō—, que Nichiren identificó como la esencia misma del universo, la Ley Mística (Myōhō) o el Dharma Esencial que subyace en todas las realidades. Desde esta perspectiva, el Odaimoku constituye la realidad última trascendental, aquello que excede el alcance del entendimiento racional y que se identifica con el Nirvana mismo. En el Gohonzon caligráfico, el Buda Shakyamuni histórico y el Buda Taho se representan como figuras accesorias, o manda gestaciones del Odaimoku, quien se comprende como el Buda Esencial (Honbutsu) que manifiesta y contiene en sí mismo a todos los budas y seres sensibles.
Para la escuela, el Gohonzon no es una creación humana arbitraria, sino un instrumento sagrado establecido directamente por Nichiren como el vehículo mediante el cual los seres pueden acceder a su propia budeidad en la era de Mappō. Esta concepción confiere al mandala caligráfico un estatus de máxima solemnidad y respeto, considerado el eje central del cosmos y la manifestación concreta de la realidad última.
Objetos de veneración en corrientes más amplias: el Buda Shakyamuni eterno y los Cuatro Bodhisattvas de la Tierra, según la escuela Minobu
Las escuelas de enfoque más abierto incorporan, además de elementos textuales, representaciones icónicas basadas en la descripción del Sutra del Loto (Saddharmapuṇḍarīka Sūtra). Estas imágenes suelen presentar al Buda Shakyamuni como el Buda Eterno (Kuon Ganjo no Butsu), es decir, la manifestación esencial del Dharma que ha existido desde tiempos inmemoriales, acompañado de los Cuatro Bodhisattvas de la Tierra (Jōgyō, Muhengyō, Jyōgū y Anryū), quienes son presentados en el sutra como los discípulos originales del Buda Esencial, encargados de difundir el Dharma en la era de Mappō.
Estos objetos de veneración suelen incluir imágenes consagradas mediante ceremonias tradicionales como la "apertura de los ojos" (Kaigen Kuyō), que confiere a la representación icónica su carácter sagrado. Desde esta perspectiva, la utilización de figuras e imágenes se considera una forma más accesible de transmitir la doctrina, ya que permite a los fieles asimilar los conceptos y firmas budistas a través de imágenes que facilitan la comprensión y la conexión emocional con el Dharma.
No obstante, desde la óptica de las corrientes más ortodoxas, estas representaciones icónicas no incluyen la manifestación central del Buda Esencial que encarna el Odaimoku, el Namū Myōhō Renge Kyō. En estas imágenes, el Buda Shakyamuni suele ser presentado como el núcleo de la representación, en lugar de ocupar un lugar secundario con respecto al Odaimoku, Namū Myōhō Renge Kyō lo que llevaría a identificarlo más con el Buda histórico que con la realidad última que subyace en todas las cosas creando confusión y viendo a Shakyamuni como el Buda historico.
Conclusión: divergencias en la concepción de la manifestación del Dharma
Las diferencias entre ambos tipos de objetos de veneración radican en la forma en que cada escuela concibe la manifestación del Dharma en la era de Mappō. Mientras que el Linaje de Nikkō enfatiza la singularidad del Gohonzon caligráfico como el único instrumento establecido por Nichiren para acceder a la budeidad, las corrientes más amplias consideran que las representaciones icónicas del Buda Shakyamuni eterno y los Cuatro Bodhisattvas de la Tierra constituyen una vía válida para difundir y practicar la doctrina del Sutra del Loto.

En última instancia, estas divergencias reflejan dos abordajes distintos sobre cómo hacer accesible la realidad última: uno que se centra en la fórmula sagrada como núcleo esencial, y otro que valora la representación icónica como medio para facilitar la comprensión y la práctica del Dharma. 


Published by Rissho Ankokukai. 1947, 1999.

Gohonzon Nichiren N°120


EL SIGNIFICADO LITERAL Y SU ENTENDIMIENTO TEÓRICO: SOBRE EL ODAIMOKU Y LA NATURALEZA DE LOS MANTRAS

Al abordar la traducción y la interpretación del significado del Odaimoku, se evidencia una inconsistencia recurrente que pone de manifiesto la notable distancia entre la definición teórica formal y el impacto radical y trascendental inherente a la práctica del Odaimoku.
A pesar de haber consultado centenares de acotaciones sobre el significado semántico de este mantra, resulta pertinente reconocer que el Odaimoku debería abordarse de manera análoga a los darani del Sutra del Loto. Si bien los darani en general pueden contar con alguna traducción textual, aquellos específicamente incluidos en dicho sutra carecen completamente de una traducción posible (no se sabe si Kumarajiva consideró que no era adecuado traducirlos o si en realidad no poseían una traducción en sí misma).
En contraste, el mantra Namu Myōhō Renge Kyō cuenta con una definición literal establecida, que constituye una traducción del título del sutra. No obstante, incluso cuando se conoce su traslación verbal, esta puede alejar al intérprete de la esencia que el símbolo verbal representa. Los practicantes experimentados coinciden en que la invocación del Odaimoku no implica una deliberación consciente sobre el contenido doctrinal del Sutra del Loto, ni siquiera una actitud de homenaje ritual hacia la obra canónica.
En el ámbito de los estudios mantrícos, figuras relevantes como Nichiren, Honen, Shinran, Dōgen y los eruditos de la tradición Tendai —en mayor o menor medida— mantuvieron un vínculo profundo con las enseñanzas esotéricas, no solo del budismo Shingon, sino también con otras corrientes doctrinales de matriz esotérica arraigadas en el Tendai. Esta dimensión se hace patente en el posible conocimiento sobre cómo crear construcciones fonéticas, así como en el reconocimiento de sus características espirituales o los resultados asociados a un mantra.
La estructura fonética de los mantras —como, por ejemplo, la invocación Namandabu — evoca resonancias simbólicas asociadas a la figura materna, un fenómeno que encuentra paralelos en diversas lenguas, donde las secuencias vocálicas con predominio de m y a suelen estar ligadas a la designación de la madre.
En contraste, otros mantras poseen una arquitectura fonética y rítmica centrada en consonantes como n, r, k y combinaciones que recuerdan la sonoridad de enunciados de índole vehemente, potentes o incluso injuriosos. Es precisamente la presencia de fonemas considerados más «duros» lo que confiere a tales fórmulas mantrícas su carácter contundente y su fuerza específica.
Nichiren postuló que el secreto del título del Sutra del Loto radicaba en la vibración ontológica del universo mismo; esta perspectiva no era exclusiva de su pensamiento, ya que sus predecesores habían elaborado extensos tratados sobre la relevancia simbólica del título canónico. Es decir, la construcción, el efecto del sonido recurrente y su estructura fonética resultante constituían el secreto oculto de la enseñanza del sutra en su totalidad: todo lo que exponen sus 28 capítulos, la Ley —el Dharma mismo—, estaba encerrado, vedado, oculto, en el título utilizado de manera mantrica, el cual abarca la esencia inescrutable del cosmos, la vida y la iluminación.

En este sentido, la explicación del Odaimoku desde un enfoque puramente literal no se adecúa al ámbito ontológico y espiritual al que pertenece. De hecho, Nichiren llegó a afirmar que lo sagrado no residía en el texto del Sutra del Loto en sí mismo, sino en la invocación del Odaimoku. 

Published by Rissho Ankokukai. 1947, 1999.

Gohonzon Nichiren N°119


EL ODAOIMOKU COMO EJE CENTRAL DEL MANDALA: RELACIÓN ENTRE ESENCIA Y MANIFESTACIÓN EN LA ICONOGRAFÍA BUDISTA

En la tradición budista, el Odaimoku —el elemento central del mandala de Nichiren— representa la esencia fundamental de todo lo que existe, siendo la fuente originaria de todas las formas en que la realidad se hace presente. En las representaciones visuales, sus trazos escritos se extienden sobre los demás símbolos holográficos, formando una imagen que evoca un Buda que abraza con su luz todo el universo, incluyendo todos los seres y todas las formas en que estos se manifiestan.
El llamado "Buda esencial" —cuya máxima expresión es el Odaimoku central— es la causa que genera tanto a todos los Budas como a todo ser con capacidad de sentir. A su vez, cada uno de estos seres y cada figura budista muestra, de manera inherente y trascendente, la naturaleza de ese Buda esencial. Esta relación crea un ciclo completo e integrado: el gran Mandala cósmico, donde causa y efecto se conectan mutuamente.
Así, el Mandala no es solo una imagen gráfica, sino un símbolo de la interdependencia que rige todo lo real. No hay una jerarquía fija entre la esencia budista y sus manifestaciones, sino una correspondencia profunda que une al universo en una sola totalidad y reconoce que todo ser tiene la potencialidad de alcanzar la iluminación budista.






 Ver referencia de este Gohonzon en Saikakudoppo's blog

Gohonzon Nichiren N°118

 LOS MANDALAS DE NICHIREN: SÍNTESIS DOCTRINAL Y SINCRETISMO EN EL BUDISMO JAPONÉS MEDIEVAL 

La figura de Nichiren (1222-1282) emerge en un contexto histórico japonés caracterizado por una intensa política eclesiástica, donde las escuelas budistas competían no solo por afirmar su doctrina como verdadera, sino también por obtener el patronazgo imperial —un requisito fundamental para su supervivencia institucional. En este escenario de disputas doctrinales y tensiones políticas, Nichiren desarrolló una enseñanza que configuró una notable síntesis sincrética de las corrientes budistas de su época, manifestándose con particular claridad en la iconografía de sus mandalas.

Uno de los aportes más significativos a la iconografía Nichiren, proviene del budismo esotérico Shingon, fundado por Kūkai. Entre los elementos adoptados se destacan las figuras de Aizen Myōō (el Buddha de la Pasión Transformada) y Fudō Myōō (el Buddha Inmutable), conocidos en terminología académica como vidyarājas o "reyes de la sabiduría mantrica".

Esta influencia se observa de manera paradigmática en los Mandalas de Nichiren  donde Aizen y Fudō aparecen dispuestos a cada lado del Gohonzon. (Ver detalle en Figura 3).

Esta disposición no solo evidencia el conocimiento erudito y la formación estética de Nichiren, sino también su capacidad para reinterpretar símbolos preexistentes dentro de su propio marco doctrinal.

A diferencia del Shingon, cuyo mandala centraliza a Mahāvairocana como el Buddha Dharmakāya (cuerpo de la Ley) acompañado de budas secundarios —entre ellos Amitābha—, Nichiren reconfiguró esta estructura. Este distanciamiento doctrinal se fundamenta en su rechazo a corrientes que no tomaban como eje central el Saddharmapuṇḍarīkasūtra (Sutra del Loto), considerando que el desplazamiento de la Ley (Dharma) como núcleo cósmico del mandala era un desvío doctrinal. .

Un precedente relevante en la reconfiguración de la iconografía esotérica se encuentra en Kakuban (1095-1143), monje shingon que buscó revitalizar la tradición esotérica sustituyendo a Mahāvairocana por Amitābha, en respuesta a la proliferación del culto a este último entre los hijiris (ascetas itinerantes) y la devoción popular.

Si bien ambos líderes religiosos adaptaron la iconografía existente a las demandas de su época, Nichiren diferenció su propuesta por motivos dogmáticos fundamentales: mientras Kakuban mantenía un enfoque centrado en la figura de un Buddha, Nichiren situaba al Dharma mismo como el principio originario. No obstante, en algunos Mandalas nichiren se incluye a Mahāvairocana como una manifestación emanativa de la Ley, lo que sugiere una concepción inclusiva donde todos los budas son expresiones del Buddha esencial (hon-butsu) (本仏).

Una de las innovaciones más destacadas de Nichiren radica en la conversión del mandala en un objeto de acceso democrático. Mientras los mandalas shingon requerían técnicas pictóricas complejas y materiales costosos —inaccesibles para la mayoría de los devotos—, los mandalas nichiren adoptaron una forma caligráfica, confeccionados con tinta sumi sobre un simple papel.

En el centro de esta estructura visual se sitúa el Odaimoku —la fórmula "Namu Myōhō Renge Kyō" (Homenaje a la Sublime Ley del Sutra del Loto)—, que funciona como el axis mundi de la iconografía nichiren. Además, se incluye a Shakyamuni como el Buddha Nirmāṇakāya (cuerpo manifestado históricamente) a la izquierda del Odaimoku, consolidando la unión entre la Ley eterna y su revelación histórica. Ver detalle en Figura 2.

Los mandalas de Nichiren constituyen un ejemplo paradigmático de sincretismo religioso reflexivo, donde elementos de tradiciones preexistentes son reelaborados dentro de un marco doctrinal coherente. Esta operación intelectual y visual no solo permitió a Nichiren afirmar la singularidad de su enseñanza, sino también construir una iconografía accesible y profundamente arraigada en las corrientes budistas de su tiempo, configurando así uno de los aportes más originales al patrimonio religioso y cultural de Japón.


Mandala Shingon del Mundo Matriz, mostrando la disposición original de Mahāvairocana, Fudō Myōō está presente bajo el loto de ocho pétalos. (Figura 1)


Y Aizen tenía igual relevancia al punto de tener su propio mandala. (Figura 2)


Mandala Nichiren (Gohonzon caligráfico), ilustrando la reconfiguración doctrinal con el Odaimoku como eje central y la disposición adaptada de las figuras esotéricas de Aizen a la izquierda y Fudō a la derecha. ( Figura 3)


12 de diciembre de 2025

Gohonzon Nichiren N°117

EL GOHOZON (MANDALA CALIGRÁFICO DE NICHIREN) COMO MAPA DE LA VIDA Y KOAN CÓSMICO

INTRODUCCIÓN

El mandala caligráfico de Nichiren, conocido como Gohozon (o "Mandala de los siete caracteres"), es una obra sacra de la tradición nichiren que trasciende su condición de objeto ritual para convertirse en una representación simbólica de la propia vida humana, un koan contemplativo y un mapa hacia la esencia del ser. Veamos uno de los tantos aspectos de su estructura, personajes y significados ontológicos, destacando su carácter como reflejo de la unidad entre la ley, los budas y la vida individual, así como su dimensión esotérica.

 ESTRUCTURA CENTRAL Y SU ESENCIA

En el núcleo del Gohozon se encuentra la caligrafía de "Namu Myoho Renge Kyo" —el mantra de la Ley Mística, conocido también como daimoku—, que constituye el eje de todo el mandala. Este centro no representa un ser personal, sino la ley primordial del universo: la realidad última que sustenta toda manifestación y encarna la no dualidad en su máxima expresión. A diferencia de concepciones en que un buda es el origen, aquí la Ley Mística es el fundamento, y los budas son sus manifestaciones.

LOS BUDAS LATERALES Y SU SIGNIFICADO: DUALIDAD Y MANIFESTACIÓN DE LA NO DUALIDAD

Inscrito en la parte central está Namu Myoho Renge Kyo, y de un costado se sitúa el ideograma que representa a Buda Shakyamuni, el buda histórico que enseñó el Sutra del Loto en la Tierra. Del lado derecho se encuentra el ideograma correspondiente a Buda Prabhutaratna (conocido como "Buda Taho", el buda "Muchos Tesoros"), el buda que se manifiesta con su stupa de joyas cada vez que un buda predica el Sutra del Loto.

Ambos budas son, en realidad, realidades y manifestaciones de Myoho Renge Kyo mismo: Shakyamuni representa la vida y la manifestación —la expresión histórica y visible de la ley en el mundo, lo manifiesto—, mientras que Prabhutaratna simboliza la muerte o el estado de latencia —la eternidad invisible de la Ley que permanece oculta cuando no se revela. Juntos, encarnan la dualidad que permea la experiencia humana, mientras que el daimoku del centro representa la no dualidad que trasciende y contiene ambas polaridades. Contrario a interpretaciones que lo consideran el buda primordial, Shakyamuni se le representa aquí como el portador y manifestante de la Ley Mística, complementado por Prabhutaratna como su dimensión eterna y latente.

LOS CUATRO BODHISATTVAS DE LA TIERRA Y SUS REPRESENTACIONES

Acompañando a los budas se encuentran los Cuatro bodhisattvas de la Tierra (Shisho Bosatsu): Jogyo, Muhengyo, Joggyo y Anryugyo. Cada uno simboliza un aspecto de la esencia de la vida: la determinación para practicar la ley, la capacidad de trascender límites, la compasión activa y la estabilidad interna. Juntos, representan los valores y cualidades que se manifestarían en quienes conectan con la Ley Mística del centro.

EL MANDALA COMO REFLEJO DE LA VIDA PROPIA, KOAN Y MAPA

El Gohozon es más que un objeto externo: es una representación de nuestra propia vida, en la que todos los personajes y el mantra central simbolizan aspectos intrínsecos de nuestro ser. También se puede leer como un koan —un enigma contemplativo que invita a superar el pensamiento dualista y alcanzar una comprensión directa de la realidad. Además, funciona como un mapa hacia nuestro propio ser, guiando a la práctica para manifestar la esencia iluminada que yace en el centro de cada persona.

LA DIMENSIÓN ESOTÉRICA OCULTA Y LOS USOS MUNDANOS

A lo largo de la historia, el Gohozon ha sufrido una distorsión en su interpretación: muchos lo han utilizado principalmente para consagrar deseos mundanos o materiales —riqueza, salud física, éxito social—, ocultando su verdadera dimensión esotérica. Cabe resaltar que Nichiren mismo afirmó que nunca oró por cuestiones seculares: su práctica se centró en la transformación profunda de la vida, en la manifestación de la budeidad inherente y en la realización de la paz cósmica, no en la satisfacción de deseos temporales.

Esta dimensión oculta del mandala es su carácter como instrumento de autoconocimiento esotérico: no es un amuleto para obtener bienes terrenales, sino un espacio de contemplación que revela la interconexión entre la propia vida y la realidad última. Su esoterismo radica en la posibilidad de acceder a un conocimiento directo de la esencia de la vida a través de su contemplación y práctica, más allá de interpretaciones superficiales y mundanas.

El Gohozon de Nichiren es una obra de profunda riqueza simbólica que convierte la caligrafía en un espejo del cosmos y de la vida individual. Su estructura —con la Ley Mística (no dualidad) en el centro, los budas de la manifestación/vida (Shakyamuni) y la latencia/muerte (Prabhutaratna) en los lados y los bodhisattvas como cualidades de la vida— revela que la iluminación no es algo externo, sino un potencial inherente. Además, su dimensión esotérica, recuerda que su propósito original es guiar al ser hacia el autoconocimiento y la realización de su verdadera naturaleza, tal como lo enfatizó Nichiren mismo. En definitiva, el mandala es un koan viviente y un mapa hacia la propia esencia.


Gohonzonshu (129 halographs)

Published by Rissho Ankokukai. 1947, 1999.

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