EL SIGNIFICADO LITERAL Y SU ENTENDIMIENTO TEÓRICO: SOBRE EL ODAIMOKU Y LA NATURALEZA DE LOS MANTRAS
Al abordar la traducción y la interpretación del significado del Odaimoku, se evidencia una inconsistencia recurrente que pone de manifiesto la notable distancia entre la definición teórica formal y el impacto radical y trascendental inherente a la práctica del Odaimoku.
A pesar de haber consultado centenares de acotaciones sobre el significado semántico de este mantra, resulta pertinente reconocer que el Odaimoku debería abordarse de manera análoga a los darani del Sutra del Loto. Si bien los darani en general pueden contar con alguna traducción textual, aquellos específicamente incluidos en dicho sutra carecen completamente de una traducción posible (no se sabe si Kumarajiva consideró que no era adecuado traducirlos o si en realidad no poseían una traducción en sí misma).
En contraste, el mantra Namu Myōhō Renge Kyō cuenta con una definición literal establecida, que constituye una traducción del título del sutra. No obstante, incluso cuando se conoce su traslación verbal, esta puede alejar al intérprete de la esencia que el símbolo verbal representa. Los practicantes experimentados coinciden en que la invocación del Odaimoku no implica una deliberación consciente sobre el contenido doctrinal del Sutra del Loto, ni siquiera una actitud de homenaje ritual hacia la obra canónica.
En el ámbito de los estudios mantrícos, figuras relevantes como Nichiren, Honen, Shinran, Dōgen y los eruditos de la tradición Tendai —en mayor o menor medida— mantuvieron un vínculo profundo con las enseñanzas esotéricas, no solo del budismo Shingon, sino también con otras corrientes doctrinales de matriz esotérica arraigadas en el Tendai. Esta dimensión se hace patente en el posible conocimiento sobre cómo crear construcciones fonéticas, así como en el reconocimiento de sus características espirituales o los resultados asociados a un mantra.
La estructura fonética de los mantras —como, por ejemplo, la invocación Namandabu — evoca resonancias simbólicas asociadas a la figura materna, un fenómeno que encuentra paralelos en diversas lenguas, donde las secuencias vocálicas con predominio de m y a suelen estar ligadas a la designación de la madre.
En contraste, otros mantras poseen una arquitectura fonética y rítmica centrada en consonantes como n, r, k y combinaciones que recuerdan la sonoridad de enunciados de índole vehemente, potentes o incluso injuriosos. Es precisamente la presencia de fonemas considerados más «duros» lo que confiere a tales fórmulas mantrícas su carácter contundente y su fuerza específica.
Nichiren postuló que el secreto del título del Sutra del Loto radicaba en la vibración ontológica del universo mismo; esta perspectiva no era exclusiva de su pensamiento, ya que sus predecesores habían elaborado extensos tratados sobre la relevancia simbólica del título canónico. Es decir, la construcción, el efecto del sonido recurrente y su estructura fonética resultante constituían el secreto oculto de la enseñanza del sutra en su totalidad: todo lo que exponen sus 28 capítulos, la Ley —el Dharma mismo—, estaba encerrado, vedado, oculto, en el título utilizado de manera mantrica, el cual abarca la esencia inescrutable del cosmos, la vida y la iluminación.
En este sentido, la explicación del Odaimoku desde un enfoque puramente literal no se adecúa al ámbito ontológico y espiritual al que pertenece. De hecho, Nichiren llegó a afirmar que lo sagrado no residía en el texto del Sutra del Loto en sí mismo, sino en la invocación del Odaimoku.

